viernes, 8 de junio de 2012

¿Qué podemos saber? o ¿Qué podemos saber los simples mortales?


Mucho... Siempre es interesante buscar más allá de nuestros terrenos familiares del conocimiento. En particular, no soy un físico, pero sí un lector del mundo. Sor Juana Inés de la Cruz, poetisa y monja mexicana –sería anacrónico decir que feminista, pero sí con ideas revolucionaras y adelantadas a su tiempo– del siglo XVII, por mandato de la abadesa –la superiora, claro está la jerarquización en la iglesia– le prohibió leer y escribir, mandando a nuestra poeta a la cocina. En Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz nos dice:

 ¿qué os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y se fríe en la manteca o aceite y por el contrario se despedaza en el almíbar: ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria […]¿qué podemos saber las mujeres, sino filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo: Que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir, viendo estas costillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito. Y prosiguiendo en mi modo de cogitaciones, digo que esto es tan continuo en mí que no necesito de libros: y en una ocasión que por un grave accidente de estómago me prohibieron los médicos el estudio, pasé así algunos días; y luego les propuse que era menos dañoso el concedérmelo, porque eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones, que consumían más espíritus en un cuarto de hora que el estudio de los libros en cuatro días; y así, se redujeron a concederme que leyese (...) (1961).
Así, recuperemos la iniciativa y asombro natural de nuestra poeta mexicana por conocer las cosas sin la necesidad urgente de tener una autoridad a un lado, basta con observar –en un primer momento– para llegar a comprender el mundo que nos rodea. Los antiguos filósofos, naturalistas, no tenían los grandes telescopios que en la actualidad poseemos, pero sí una gran capacidad de asombro y todo un mundo por descubrir.
¿Cómo puedo leer el mundo si no tengo tiempo si quiera para leer un libro? Normalmente, dadas las circunstancias actuales, estamos presos ante las múltiples tareas que debemos desempeñar: trabajo, familia, salud, política –si bien nos va y nos interesa–, y un largo etcétera. Cualquier objeto es susceptible de ser observada, primero es necesario ubicar al objeto en el espacio y en el tiempo, es decir, dónde se encuentra y cuándo ocurre: luego, ver sus características, profundidad, anchura, tamaño, color, todos los elementos básicos; ayuda también compararlo con otro objeto; por último, si se desea mayor información es importante acudir a fuentes de información fidedignas puesto que en nuestro tiempo, los años 2000, abundan sitios de información falsa o no confirmada–. Tomemos por ejemplo las campañas electorales actuales, primero observemos cuánta publicidad hay de nuestros queridos presidenciables, hay más de uno que de otro, por qué es esto, quién resalta en los caminos, qué dicen de los anuncios, qué dicen los anuncios, a quién está dirigido el mensaje, cuáles son las imágenes que aparecen en los letreros, cómo están ordenados los elementos, cuál es la imagen principal, etcétera. Todo esto, a partir de unos simples carteles en las calles de la ciudad donde recorremos día a día.
Dicho lo anterior, hacemos una invitación a mirar con mayor profundidad. Sabemos que no estamos acostumbrados a mirar más allá de nuestras narices, pero podemos entrenarnos para hacerlo. No se necesitan grandes estudios, sino un deseo por saber, ese deseo que no es exclusivo de los filósofos, bien lo demostró Sor Juana Inés de la Cruz. Hacemos una sería invitación a problematizar la realidad, y salir de la oscuridad o ignorancia en la que nos han sometido y nos hemos sometido. La desinformación las opiniones sin sentido son parte fundamental para construir la ignorancia y seguirla propagando y cosechando. Así, la distorsión en la información provocada por algunos medios de comunicación –periódico, radio, televisión, internet– molesta y es perjudicial para un país –nuestro mexiquito desesperanzado que desea despertar y que algunos dicen que despertó– que aún sigue ahogado en la época medieval: religiosidad, fanatismo, carencias educativas, sociales, políticas y demás. Podrán decirnos que en muchos lugares ocurre lo mismo o peor, sin embargo, por el momento deseamos preocuparnos por nuestra realidad inmediata, no por egoísmo, sino por nuestra finitud y capacidad de reacción ante lo extenso que es el mundo. No cabe más que invitarlos (nos) a reflexionar.
Sapere aude (atrévete a saber)
David el Conde de la Niebla

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