Mucho... Siempre es interesante buscar más
allá de nuestros terrenos familiares del conocimiento. En particular, no soy un
físico, pero sí un lector del mundo. Sor Juana Inés de la Cruz, poetisa y monja
mexicana –sería anacrónico decir que feminista, pero sí con ideas
revolucionaras y adelantadas a su tiempo– del siglo XVII, por mandato de la
abadesa –la superiora, claro está la jerarquización en la iglesia– le prohibió
leer y escribir, mandando a nuestra poeta a la cocina. En Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz nos
dice:
¿qué os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y se fríe en la manteca o aceite y por el contrario se despedaza en el almíbar: ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria […]¿qué podemos saber las mujeres, sino filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo: Que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir, viendo estas costillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito. Y prosiguiendo en mi modo de cogitaciones, digo que esto es tan continuo en mí que no necesito de libros: y en una ocasión que por un grave accidente de estómago me prohibieron los médicos el estudio, pasé así algunos días; y luego les propuse que era menos dañoso el concedérmelo, porque eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones, que consumían más espíritus en un cuarto de hora que el estudio de los libros en cuatro días; y así, se redujeron a concederme que leyese (...) (1961).
Así, recuperemos la iniciativa y
asombro natural de nuestra poeta mexicana por conocer las cosas sin la
necesidad urgente de tener una autoridad a un lado, basta con observar –en un
primer momento– para llegar a comprender el mundo que nos rodea. Los antiguos
filósofos, naturalistas, no tenían los grandes telescopios que en la actualidad
poseemos, pero sí una gran capacidad de asombro y todo un mundo por descubrir.
¿Cómo puedo
leer el mundo si no tengo tiempo si quiera para leer un libro? Normalmente,
dadas las circunstancias actuales, estamos presos ante las múltiples tareas que
debemos desempeñar: trabajo, familia, salud, política –si bien nos va y nos
interesa–, y un largo etcétera. Cualquier objeto es susceptible de ser
observada, primero es necesario ubicar al objeto en el espacio y en el tiempo,
es decir, dónde se encuentra y cuándo ocurre: luego, ver sus características,
profundidad, anchura, tamaño, color, todos los elementos básicos; ayuda también
compararlo con otro objeto; por último, si se desea mayor información es
importante acudir a fuentes de información fidedignas
–puesto que en nuestro tiempo, los
años 2000, abundan sitios de información falsa o no confirmada–. Tomemos por
ejemplo las campañas electorales actuales, primero observemos cuánta publicidad
hay de nuestros queridos presidenciables, hay más de uno que de otro, por qué
es esto, quién resalta en los caminos, qué dicen de los anuncios, qué dicen los
anuncios, a quién está dirigido el mensaje, cuáles son las imágenes que
aparecen en los letreros, cómo están ordenados los elementos, cuál es la imagen
principal, etcétera. Todo esto, a partir de unos simples carteles en las calles
de la ciudad donde recorremos día a día.
Dicho lo
anterior, hacemos una invitación a mirar con mayor profundidad. Sabemos que no
estamos acostumbrados a mirar más allá de nuestras narices, pero podemos
entrenarnos para hacerlo. No se necesitan grandes estudios, sino un deseo por saber, ese deseo que no es exclusivo de
los filósofos, bien lo demostró Sor Juana Inés de la Cruz. Hacemos una sería
invitación a problematizar la realidad, y salir de la oscuridad o ignorancia en
la que nos han sometido y nos hemos sometido. La desinformación las opiniones
sin sentido son parte fundamental para construir la ignorancia y seguirla
propagando y cosechando. Así, la distorsión en la información provocada por algunos medios de comunicación –periódico,
radio, televisión, internet– molesta y es perjudicial para un país –nuestro
mexiquito desesperanzado que desea despertar y que algunos dicen que despertó–
que aún sigue ahogado en la época medieval: religiosidad, fanatismo, carencias
educativas, sociales, políticas y demás. Podrán decirnos que en muchos lugares
ocurre lo mismo o peor, sin embargo, por el momento deseamos preocuparnos por nuestra
realidad inmediata, no por egoísmo, sino por nuestra finitud y capacidad de
reacción ante lo extenso que es el mundo. No cabe más que invitarlos (nos) a
reflexionar.
Sapere
aude (atrévete a saber)
David
el Conde de la Niebla

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